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Techno: más allá del estigma

  • Foto del escritor: Gianmarco Cornejo
    Gianmarco Cornejo
  • 6 nov 2024
  • 4 Min. de lectura

En el vasto paisaje de la música electrónica, el techno se erige no solo como un género musical, sino como un fenómeno cultural que ha moldeado y reflejado transformaciones sociales significativas. Nacido en los márgenes de la sociedad industrial de Detroit, este género ha trascendido fronteras, penetrando en las esferas más diversas, desde las pistas de baile clandestinas hasta las cortes judiciales. No obstante, su ascenso no ha estado exento de controversias sociales polémicas.


Durante décadas el techno ha sido objeto de un estigma profundamente arraigado que lo asocia, de manera casi indisoluble, con el consumo de drogas. Este vínculo, construido en gran parte sobre estereotipos y percepciones simplistas, ha influido no solo en la opinión pública, sino también en la formulación de políticas punitivas y prohibicionistas en la actuación de las autoridades, creando así un estereotipo negativo en base a su ignorancia.

Este artículo se propone desafiar y desmantelar la narrativa que asocia al techno con el consumo de drogas, exponiendo cómo dicha conexión se basa más en perjuicios sociales que en hechos en relación al fin positivo que propone el género musical como una forma de resistencia y expresión cultural, resulta esencial reconsiderar y rectificar las ideas preconcebidas que han empañado la percepción del techno.


Origen del Estigma: Un Análisis Histórico y Sociocultural


El estigma que vincula al techno con el consumo de drogas no es producto del azar; tiene sus raíces en una combinación de factores históricos y socioculturales que han moldeado la percepción pública de este subgénero musical. Desde sus inicios en Detroit, Estados Unidos en la década de 1980, el techno surgió como una respuesta a las tensiones socioeconómicas y raciales de la época, en un entorno urbano que ya estaba profundamente marcado por la marginalización y la estigmatización de sus comunidades.


A medida que el techno se expandió más allá de los Estados Unidos y comenzó a ganar popularidad en Europa, particularmente en Alemania (donde actualmente el techno fue declarado patrimonio de la humanidad), el género se asoció con las raves y las fiestas clandestinas que, en muchos casos, desafiaban las normas sociales y legales establecidas. Las autoridades y los medios de comunicación, incapaces de comprender plenamente la naturaleza contracultural y a menudo subversiva de estas reuniones, recurrieron a una narrativa simplificada que vinculaba estos eventos con el consumo desmedido de drogas.


Este enfoque sensacionalista no solo distorsionó la realidad, sino que también contribuyó a perpetuar un ciclo de estigmatización, en especial con una frase frecuentemente utilizada: “todos los que escuchan techno son consumidores de drogas”. En relación a ello, la música electrónica, y el techno en particular, fueron percibidos como vehículos para la transgresión y el desorden social. Sin embargo, esta percepción es reduccionista y no refleja la diversidad y la riqueza del movimiento techno, que ha sido y sigue siendo una plataforma de innovación musical, expresión artística y cohesión social.


La Cultura del Techno: Innovación, Comunidad y Expresión


Para comprender por qué el estigma que vincula al techno con las drogas es falso, es crucial examinar la verdadera naturaleza de la cultura del techno. Este subgénero no solo ha dado lugar a una revolución en la música electrónica, sino que también ha creado un espacio para la expresión de identidades diversas y la construcción de comunidades que trascienden las barreras tradicionales.

Los eventos de techno, desde los clubes hasta los festivales al aire libre, han sido espacios donde la música es el lenguaje principal, unificando a personas de diferentes orígenes en torno a una experiencia compartida. Para muchos asistentes, la motivación principal para participar en estos eventos no es el consumo de sustancias, sino la conexión con otros a través de la música, la danza y la celebración de la libertad individual.


Además, dentro de la cultura del techno, existen numerosos esfuerzos proactivos para educar sobre el consumo responsable y reducir los riesgos asociados a las drogas. Organizaciones comunitarias y colectivos dentro de la escena del techno han implementado programas de reducción de daños, distribuyendo información y recursos en eventos para asegurar que los participantes puedan disfrutar de la música en un entorno seguro, tal es el caso del proyecto SOMA en Perú. Estos esfuerzos subrayan que la cultura del techno es, en esencia, una comunidad responsable y consciente, que rechaza activamente la narrativa que la asocia únicamente con el uso de drogas.


El Impacto Negativo del Estigma en la Cultura Techno


El estigma que asocia al techno con las drogas no es solo una percepción errónea; tiene consecuencias reales y tangibles que afectan negativamente a la cultura del techno y a sus seguidores. Este estigma ha sido utilizado como justificación para la represión de eventos de música electrónica, con regulaciones y acciones policiales que a menudo son desproporcionadas y discriminatorias.


Además, el estigma ha dificultado el reconocimiento del valor cultural y artístico del techno con un simple “esa música la escuchan los consumidores de drogas”. A pesar de su contribución significativa a la música y a la cultura contemporánea, el techno ha sido, en muchos casos, relegado a un segundo plano, visto más como un problema a ser gestionado que como una forma de arte legítima y valiosa. Esta percepción errónea no solo deslegitima el trabajo de artistas y organizadores, sino que también impide el desarrollo y la evolución de la escena techno en su totalidad por falta de apoyo.


Finalmente, el discurso que asocia al techno con las drogas es, en última instancia, una simplificación que ignora la complejidad de las experiencias individuales y colectivas dentro de esta cultura. Es crucial reconocer y respetar la diversidad de motivaciones y experiencias que llevan a las personas a participar en la cultura del techno, y rechazar las narrativas que buscan deslegitimar este movimiento basándose en estigmas infundados.


En conclusión, el vínculo entre el techno y las drogas es un estigma que ha sido perpetuado por percepciones erróneas, absurdas e ignorantes que contribuyen al sensacionalismo mediático, pero que no resiste un análisis profundo y basado en hechos. La cultura del techno es, ante todo, una celebración de la música, la comunidad y la libertad de expresión, y su valor no debe ser reducido a una asociación injusta con el consumo de sustancias. Desmontar este mito es esencial para que la cultura del techno sea reconocida y apreciada por lo que verdaderamente es: una manifestación cultural rica, diversa, unitaria y transformadora, que tiene y siempre tendrá un impacto positivo en la sociedad.

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